En Tierra de Nadie: Introduccion

La ciudad de Caín
La arena golpeaba su rostro con furia y su pelo trataba de abatir a un enemigo imaginario. Sus ojos brillaban, enormes, negros, llenos de vida y un rubor de furia subía desde su cuello hasta sus mejillas consumiendo su ser por dentro.
Lo que veía era Levtistá, ardiendo, bajo las estrellas de la noche. Había vengado todo lo que antes le daba vida pero se sentía mal, llena de dolor y remordimiento. Jamás conseguiría llenar ese vacío que tenía en su interior…jamás conseguiría volverlo a llenar.
Los suyos estaban muertos, sus enemigos estaban muertos y ella estaba desierta, vacía por dentro, sin futuro, sin pasado…Sin un hogar al que regresar.
Un grito desgarrador rompió el silencio de la noche…un grito de ira, dolor e inmenso vacío….y Kiara cayó en la arena víctima de si misma y de todo su dolor.

La Daga de Plata 1: Origo

Capitulo 1: Origo
Hacía un frío que se adhería a los huesos, contra su espalda notaba todas y cada una de las piedras y arena que se encontraban bajo su cuerpo dolorido y ensangrentado. Le costaba respirar y al hacerlo la garganta se le llenaba de un sabor metálico y salado. A su alrededor sólo había oscuridad y casi estaba en silencio, sacando el ruido de agua vagando entre las rocas.
En su mente sólo se repetía una imagen impactante, un hombre de su misma edad, fuerte, con una cicatriz no especialmente profunda en su mejilla, bajo sus ojos oscuros como la noche. Le había sacado de la carretera y le había atacado por la espalda, sólo recordaba que le había clavado algo en el cuello… ¿o le había mordido? Recordaba la humedad de la boca y un dolor punzante…¿qué clase de chiflado era aquel tío? Luego, sólo recordaba haber perdido poco a poco sus fuerzas, como si se desangrase y había dejado de defenderse…no tenía sentido pero así era.
Sin embargo, no estaba muerto, estaba allí tirado, en medio de ninguna parte con el cuerpo contusionado y dolorido. Y tenía mucha sed, como si hiciese horas que no bebía…quizá sí hacía tiempo, quien podía saber cuánto tiempo llevaba allí.
Intentó incorporarse con dificultad y poco a poco consiguió ponerse en una postura medianamente digna aunque tambaleante. Buscó en la oscuridad una brizna de luz o de viento. Todos sus sentidos estaban alerta, se dirigió casi como en un sueño hacia un punto de donde venía la brisa, poco a poco vio el resplandor de la luna a lo lejos y se animó a tratar de caminar más deprisa.
Cuando al fin consiguió salir la luna brillaba coronando el cielo. Buscó en vano su coche por los alrededores cuando descubrió una silueta recortada de un hombre. Esta se movió y se acercó a él.
- Veo que ya te has despertado – dijo el hombre al que correspondía la silueta, tenía una cicatriz bajo el ojo – No te sorprendas, chico. No te iba a dejar aquí tirado y solito.
Le miró extrañado y asustado. Por el rabillo del ojo miró hacia atrás buscando posibles escapatorias. En su estado estaba convencido de que no podría escapar corriendo mucho pero quizá podría ocultarse en el bosque.
- Ni lo sueñes – dijo el hombre de la cicatriz adivinando sus intenciones – soy más rápido que tú y estoy en mejor forma. No llegarías ni a dar tres pasos. Fíate de mí.
- ¿Qué quieres¿Matarme?
El hombre de la cicatriz se rió a carcajadas, lo que resultaba ciertamente espeluznante.
- ¿Por qué yo¿Qué es lo que quieres de mí, maldito psicópata?
- Si quieres que responda en orden te diré que te escogí porque me ha gustado tu coche y no quiero nada de ti. Lo de psicópata no va conmigo pero lo de maldito ya es otro cantar. – el hombre de la cicatriz sonrió, dejando entrever dos afilados colmillos.
- Eres…
- Un vampiro. Me llamo Magnes. Y digamos que esta noche necesitaba buscarme compañía.
- ¿Por qué me has dado una paliza?
- No te he dado una paliza. Todo lo que te duele es porque técnicamente has muerto para volver a nacer, te he dejado sin gota de sangre en el cuerpo y ahora mismo ya estás en un mundo mejor. ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Luka. – dijo sin terminar de asimilar lo que Magnes le había dicho.
- Bueno, Luka. La noche es joven e imagino que tienes sed.
- No me vendría mal un wiscky.
- Luka, no tienes sed porque necesites alcohol ni agua. Necesitas otra cosa: sangre. Y hay una ciudad entera dispuesta a darte de comer.
Magnes llevó a Luka por un sendero, al final de él estaba el coche en el que lo había mordido. Luka no entendía muy bien lo que le había pasado pero no entendía por qué no podía resistirse y le seguía como hipnotizado.
Al cabo de un rato llegaron a la ciudad. Estaba viva, con sus luces que le mareaban. Miró a Magnes, que iba conduciendo con una sonrisa que dejaba ver sus colmillos: tenía el pelo negro azabache, largo y ondulado, unos ojos negros profundos y el rostro pálido. Luka se preguntaba cuanto tardaría él en tener el mismo aspecto.
Finalmente, serpenteando entre las calles Magnes llegó a un local clandestino en el que se estaba dando una gran fiesta. Mucha gente estaba entrando por una puerta en un callejón. Luka le siguió sin poder evitarlo, allí dónde Magnes pasaba alguien le saludaba, las chicas se le quedaban mirando con fascinación y lujuria en los ojos.
Luka estaba embobado, sorprendido y fascinado por Magnes y su arrolladora presencia. Llegaron a un reservado donde les sirvieron unas copas con algo oscuro y caliente. Magnes sonrió a su nuevo amigo y antes de darse cuenta otros dos chicos y unas chicas bastante ebrias entraron en el habitáculo y saludaron a Magnes. Todos miraban a Luka con curiosidad.
- Es nuevo – dijo Magnes – Aún se tiene que estrenar.
Los otros sonrieron sorprendidos. Una de las chicas se sentó como sonámbula junto a Luka y comenzó a besarle el cuello. Magnes cogió un brazo de la chica y empezó a deslizar su lengua por el dorso de la mano y la muñeca, sonriendo con malicia hacia Luka.
Magnes mordió a la chica que no chilló, no se resistió, no hizo nada por defenderse y fue poco a poco chupando su muñeca, luego se la pasó a Luka que, sin saber por qué, y negando todos sus instintos comenzó a lamer la sangre de la chica. Antes de darse cuenta sintió un enorme dolor en las encías pero no podía dejar de chupar el brazo de aquella joven, hizo caso omiso del dolor de encías abriéndose y en a penas unos segundo le había clavado los colmillos en la muñeca y succionaba con odio.
- ¡Eh, eh! Tranquilo – dijo Magnes quitándole el brazo de la boca – Que tampoco es cuestión de que te lo bebas todo hoy.
Luka le lanzó una mirada inquieta y miró a la chica, que estaba muerta sobre la mesa. Sintió mucha pena y al mismo tiempo la odió por lo patética que parecía, como un simple pelele sobre la mesa.
- Aprenderás todo muy rápido. Y ahora te llevaré a presentarte a Dux. – dijo Magnes.
- A ver si no te machaca. Ya sabes como se pone con eso de que vayas convirtiendo por ahí al personal. – le dijo otro de los chicos que estaba jugando con una chica sentada en sus rodillas.
- Tu calla y come. ¿No te ha dicho tu madre que no se juega con la comida? – dijo Magnes y salió del cuarto – El Dux es nuestro líder – le explicó a Luka – no te preocupes, no creo que haya ningún problema, soy su mano derecha.
Ambos subieron por un ascensor que había en el propio edificio, detrás de una puerta que ponía "Sólo Empelados" y subieron al último piso del edificio. Luka no sabía cómo sentirse, estaba triste, extrañado, frustrado y sentía como si no tuviese voluntad, no quería subir a ver a ese tipo y por otra parte no podía dejar de seguir a Magnes. Sin embargo, ahí estaba, tratando de ordenar toda la información de lo que le había ocurrido en las últimas horas…Se sentía como quien acaba de descubrir que Papá Noel no existe.

Crónicas Oscuras 1: Jacob y Amy

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CRÓNICAS OSCURAS: 1. JACOB Y AMY

Catanzaro (Italia), Diciembre de 1865

Amy estaba un tanto preocupada por Henry. Había estado trabajando prácticamente todo el día en el campo, hacía frío y mucha humedad. Últimamente todo el mundo se estaba poniendo enfermo pero le preocupaba especialmente que pudiese pasarle algo.

Henry y Amy se habían casado muy jóvenes, como mandaba la tradición, con la esperanza de tener muchos hijos que nunca habían llegado. Tras pasar unas cuentas penurias y haber sobrevivido a dos rebeliones en la Compañía Británica de las Indias Orientales, habían cogido parte del dinero ganado a las órdenes de la reina Victoria y había decidido marcharse al sur de Italia, donde había oído que el clima y que la vida eran mucho mejores, aunque tampoco había sido así.

Amy contempló por la ventana como regresaba su marido, parecía bastante cansado. En cuanto entró por la puerta, corrió a servirle un té caliente y a avivar el fuego de la salita, para que pudiese recostarse y descansar.

Como siempre, en su habitual línea de actuación, Amy preparó la cena en silencio y salvo las habituales bendiciones de la mesa, ni una palabra volvió a surcar la habitación.

Así transcurrían los días, sin más emoción que ver pasar las horas. Amy estaba acostumbrada a la soledad y solía salir a pasear por los alrededores cuando no había terminado su faena diaria.

Una tarde, en uno de sus habituales paseos, divisó entre las maleza un pequeño nido de pájaro con sus huevos indefensos a la vista tirado en el suelo, entre la maleza. Amy, que al no haber tenido hijos propios no paraba de preocuparse por los de los demás y, al no ver a la madre de los pequeños revolotear en la cercanía, decidió poner el nido a salvo en la copa del árbol.

Se remangó el vestido y ató una de las partes al lazo con el que rodeaba la cintura y cogió el nido con una de las manos mientras con la otra se ayudaba a trepar por el árbol. Intentaba no mirar el suelo, constantemente se repetía que mantuviese la vista al frente hasta que, finalmente, llegó a un lugar alto donde poder colocar el nido. Colocó todo de forma que no se moviese y zarandeó un poco la rama para comprobar que no caería de nuevo al suelo. Amy sonrió, luego comenzó a bajar lentamente y, de pronto, oyó un estruendoso chasquido y sintió como se precipitaba al vacío.

En su caída, breve pero a sus ojos una eternidad, trató de agarrarse a las ramas que la golpeaban sin éxito. Luego, un golpe sordo y después nada.

Amy despertó al cabo de unas horas. Estaba aturdida y desorientada. Durante unos instantes no sabía muy bien dónde se encontraba hasta que, al cabo de un momento, recordó la caída. Trató de incorporarse pero parecía que llevase algo pesado atado a la espalda. Los músculos de todo el cuerpo le dolían. Sintió un dolor agudo en la parte posterior de la espalda y se llevó la mano, notó algo cálido y húmedo y se llevó la mano a la cara para comprobar sus temores: sangre.

Se habría clavado algo, era lo único que tenía sentido. No podía correr pero tampoco podía hacer nada. Con un gran esfuerzo y un grito ahogado de dolor se puso en pie y descubrió que también se había torcido un tobillo. Chasqueó la lengua como muestra de su fastidio y cojeó rumbo a su casa a través del bosque, iluminado sólo por la luna.

No parecía que nadie la hubiese ido a buscar, era una vergüenza que ni Henry estuviese gritando su nombre a lo lejos en el bosque. Estaba enfadada pero, sobre todo, triste.

Al cabo de unos metros se dejó caer contra el tronco de árbol, agotada y se dejó escurrir hacia el suelo. Estaba reventada y al borde del desmayo. Amy notaba como se le escapaba el aliento y pensó que, al menos, moriría contemplando la luna.

Se desmayó.

Notó unas palmadas en la cara. Luego otra más fuerte. Amy entreabrió los ojos en un esfuerzo agotador y contempló los ojos más oscuros que había visto en años. Luego se desmayó.

Despertó horas más tarde, en medio del bosque. Aún era de noche. No sabía cuanto rato llevaba allí. Ya no le dolía nada, estaba bien. Se levantó sin esfuerzo a la primera, comprobó su herida que ya no sangraba y pisó fuerte con el tobillo. Todo estaba bien.

Amy rió. No sabía cómo pero parecía que un sueño reparador había curado todo. Contenta, emprendió de nuevo el camino de vuelta a casa.

-    Yo que usted no iría tan rápido. – dijo una voz a su espalda.

Amy se giró sobresaltada. En una zona no iluminada alguien estaba hablándolo, apoyado en un árbol.

-    Oiga, le advierto que mi marido está buscándome. Si se acerca chillaré y vendrá enseguida.
-    Seguro. – dijo la voz – Estoy convencido que se preocupa mucho por usted.

La persona de la que salía aquella voz se dejó ver. Era un hombre alto, de complexión fuerte, muy pálido, al menos por la luz nocturna, tenía los ojos negros más oscuros que Amy había visto nunca…o al menos hasta aquella noche.

-    Usted… - musitó ella, contrariada.
-    Veo que no estaba del todo inconsciente. Usted estaba a punto de morir, y yo la he ayudado.
-    Oh – exclamó Amy – Disculpe entonces, creo que le debo mi agradecimiento. No dude en pasar por mi casa en algún momento, está invitado a cenar.
-    Gracias, eso no será posible. – dijo el hombre, dejando a la vista una escalofriante sonrisa escoltada por dos blancos colmillos.
-    ¡¿Qué demonios?!
-    No nos demonice tan pronto, querida. – replicó el hombre, sonriendo – Yo le he dado la vida…al menos una nueva.
-    ¿Qué me ha hecho?
-    Estoy segura de que lo sabe…habrá oído historias, como todas las jovencitas. Ya sabe…vampiros.

Amy había escuchado unas mil historias de vampiros, pero nunca había creído en ellas. Sin duda aquello debía de ser una broma. Quiso echar a correr pero se dio cuenta de que le podía más la curiosidad que el miedo.

-    ¿Me ha mordido o lo que sea?
-    Si.
-    ¿Por qué no estoy muerta?
-    Lo está.

Amy dio un respingo. No era así, los vampiros venían, te mordían y morías. No  había más.

-    Es una maldita, como dicen los estudiosos, pero yo no le llamaría maldición. Técnicamente, estás muerta pero, en realidad, le he dado el don de la vida eterna.
-    ¿Por qué?
-    Se moría.
-    Ya. ¿Por qué no me ha dejado morir?
-    Porque me ha parecido mejor ayudarla. No creo que deba preguntar más el porqué y debería preocuparse por el ahora.
-    Bien, ¿y ahora qué?
-    Acompáñeme a mi guarida, pronto saldrá el sol, como le explicaré, verá que no nos favorece mucho.
-    Y ¿mi marido?¿mi familia?
-    Nos ocuparemos de eso más adelante. Venga conmigo. Por cierto, soy Jacob.
-    Yo Amy.

Y ya que no parecía haber otra alternativa, se fue con él hacia un viejo panteón situado en el viejo cementerio, al otro lado del bosque, al que ya pocos del pueblo acudían.

Continuará...

Bienvenidos a H.E.S.

Historias en serie es un proyecto on-line donde convivirán diversas historias de diferentes mundos. Ests historisa irán noveladas o tendrán como base un mundo concreto.

La idea es explorar diversos génereros narrativos para mejorar la capacidad de redacción y estructura básica.

Esperamos que os gusten.